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AntifascistA Site Admin Registrado: 26 Mar 2007 Mensajes: 1406 Ubicación: Villanueva de la Jara, Castilla
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AntifascistA Site Admin Registrado: 26 Mar 2007 Mensajes: 1406 Ubicación: Villanueva de la Jara, Castilla
Publicado: Mie Feb 06, 2008 3:00 pm TÃtulo del mensaje :
EL REGIONALISMO PRE-DEMOCRÃTICO EN UNA REGIÓN SIN
CONCIENCIA HISTÓRICA. LOS PRIMEROS BROTES REGIONALISTAS EN
CASTILLA-LA MANCHA 1 .
JOSÉ ANTONIO CASTELLANOS LÓPEZ 2
Universidad de Castilla-La Mancha
Introducción
A la altura de 1976 la estructura de poder polÃtico en el Estado español se
debatÃa entre los estertores de una larga experiencia dictatorial y el advenimiento de un
nuevo sistema polÃtico que se fijaba entre sus objetivos prioritarios el poner fin a una
etapa de ausencia de libertades que agarrotaba al paÃs desde hacÃa ya casi cuarenta años.
En esa fecha de 1976 se sucedieron algunos de los más decisivos avances en ese
proceso de cambio que llevarÃa a España desde un régimen autoritario hasta otro
democrático, parlamentario, y pluripartidista. El nombramiento en julio de ese año de
Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, el inicio de conversaciones con las
agrupaciones de la oposición democrática y la celebración en diciembre del referéndum
de la Ley para la Reforma PolÃtica constituyeron los eventos más relevantes dentro de
este proceso de reorientación polÃtica que afrontaba el paÃs en esos momentos.
Este año de 1976 significó, igualmente, el comienzo del cambio con respecto a
una de las más importantes problemáticas a las que tuvieron que hacer frente los
rectores de la transición polÃtica en el paÃs: la cuestión territorial;pues en esa fecha, y de
forma simultánea al relanzamiento de los anhelos democráticos, surgen en España las
esperanzas autonomistas. Al poco tiempo de fallecer el dictador, ante los nuevos
1 Publicado en II Congreso internacional Historia de la Transición en España. ISBN_ 84-689-4209-X
2 Esta comunicación se enmarca dentro de un proyecto de investigación más amplio en relación al
proceso de cambio polÃtico en Castilla-La Mancha, cuyo resultadomás destacable ha sido la redacción de
la Tesis Doctoral, La transición democrática en Castilla-La Mancha (1976-1983). Proceso autonómico y
construcción regional; co-dirigida por los profesores Pedro Oliver Olmo y Juan Sisinio Pérez Garzón, y
defendida con éxito por el comunicante el pasado mes de septiembre en la Facultad de Letras de la
UCLM.
2 rectores polÃticos del paÃs se hace evidente el hecho de que en la etapa de
transformaciones polÃticas que se avecinaba, el problema regional/nacional iba a ocupar
un lugar más que destacado. Y desde muy pronto, asimismo, se percibió con claridad
que esta cuestión no se iba a circunscribir de modo exclusivo a los casos catalán y
vasco.
El centralismo de estricta observancia hizo crisis definitiva con la muerte del
general Franco quien hizo de dicho centralismo «su medio predilecto de dominación». 3
Difunto el dictador, y puesta sobre la mesa la problemática del cambio de un régimen de
inadmisible formato, los nuevos gobernantes que tomaron las riendas del paÃs y los
lÃderes de las formaciones polÃticas de la oposición democrática compartÃan siquiera una
idea común: el sistema de organización territorial entonces vigente basado en el
centralismo debÃa a todas luces ser reformado cuando no seriamente modificado.
Entre los más convencidos demócratas esta convicción era tan profunda que se
hacÃa inimaginable la puesta en marcha de un sistema de libertades sin la
materialización de una amplia descentralización autonómica. La conquista de la libertad
polÃtica y el acceso a la democracia pluralista se identificaba claramente con el
establecimiento de la autonomÃa. 4 Y, ciertamente, no existÃan territorios del Estado en
que esta identificación descollara con más nervio que en Cataluña y el PaÃs Vasco. Al
igual que sucedió durante la II República, el esfuerzo por resolver el problema regional
en el nuevo sistema democrático volvÃa ser en gran medida un intento por solucionar los
problemas catalán y vasco.
Ya en el primer semestre de 1976 el gobierno de Carlos Arias fue consciente de
la conveniencia de dar algún tipo de salida a las reclamaciones catalanas y vascas.
Resultado de esta inquietud fue la constitución de sendas comisiones que tendrÃan como
3 Eduardo, GARCÃA DE ENTERRÃA, Estudios sobre AutonomÃas territoriales. Madrid, Civitas, 1985, p.
23.
4 Rodolfo, MARTÃN VILLA, Al servicio del Estado. Barcelona, Planeta, 1984, p. 174.
3 objetivo estudiar la posible reimplantación de un régimen administrativo especial para
las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa e, igualmente, para Cataluña. La situación, no
obstante, no estaba para informes dilatorios y al llegar Suárez al gobierno vio pronto
claro que la problemática nacionalista exigÃa más determinación. El Ejecutivo Suárez en
su declaración programática de julio de 1976 informaba de su propósito de
institucionalizar las regiones en régimen de autonomÃa. 5 Fruto de esta idea fue el primer
«texto-gesto» en relación con la cuestión regional y que se produjo, curiosamente no en
relación con Cataluña, sino con el PaÃs Vasco. El Real Decreto-Ley de 30 de octubre de
1976 derogaba el Decreto-Ley de 23 de junio por el que cual las provincias de Vizcaya
y Guipúzcoa habÃan sido despojadas de sus conciertos económicos.
Posiblemente lo menos relevante de la mencionada disposición fuera su valor
normativo-negativo. Lo significativo fue que en su preámbulo se mencionaba «la
voluntad integradora de la Corona y su deseo de lograr la participación de todos los
pueblos de España en el actual proceso polÃtico». Para Francisco Tomás y Valiente, la
significación del Decreto es tal que no duda en situar en él, el comienzo del perÃodo
autonómico. 6 Ejemplo de esta incipiente inquietud por lo regional lo constituyó,
asimismo, la generalización ese año en buena parte del paÃs de la práctica de
conmemorar mediante algún tipo de gran concentración popular el «dÃa» de la región,
mezcla de acto polÃtico, de reivindicación de orgullo regional y de demostración
folklórica y cultural. 7 La preocupación por lo regional quedarÃa fijada ese año en el lema
principal que ondearÃan los participantes en las manifestaciones y movilizaciones por el
5 Juan FERRANDO BADÃA, J.: “TeorÃa y realidad del Estado Autonómicoâ€, en Revista de polÃtica
Comparada, Nº 3, 1980-1981, p. 39
6 Francisco TOMAS Y VALIENTE, “La primera fase de construcción del Estado de las AutonomÃas
(1978-1983)â€, en Revista vasca de administración pública,Nº 36, 1993, p. 52.
7 Juan Pablo FUSI, “El desarrollo autonómicoâ€. en Javier TUSELL, y Alvaro SOTO (Dirs.): Historia de
la transición y consolidación democrática en España (1975-1986), Madrid, Alianza, 1996, p. 447.
4 progreso democrático en buena parte del Estado: «Libertad, AmnistÃa y Estatuto de
AutonomÃa».
Dos años después, la configuración polÃtica del Estado español habÃa sido
sometida a una transformaciónsorprendente en relación a la situaciónexistente en 1976.
A finales de 1978, el paÃs habÃa visto como se legalizaban los partidos polÃticos, se
celebraban las primeras elecciones democráticas desde hacÃa más de cuarenta años, y
como el pueblo español habÃa dado su consentimiento a un texto constitucional que –
consensuada por la gran mayorÃa del espectro polÃtico estatal – propugnaba de manera
explÃcita como valores superiores de su ordenamiento jurÃdico «la libertad, la justicia,
la igualdad y el pluralismo polÃtico». 8
En ese bienio las mutaciones puestas en marcha en relación a la organización
territorial del Estado habÃan sido, igualmente, de un enorme calado, convirtiéndose en
parte fundamental del aludido proceso de cambio. En este tiempo, el gobierno Suárez
eliminó el ordenamiento jurÃdico que hasta entonces habÃan estado reprimiendo los
hechos diferenciales existentes en determinados territorios del Estado; a la vez que se
resolvÃa poner en funcionamiento un entramado descentralizador, el de las
preautonomÃas, que imaginado en un primer momento para satisfacer los deseos
autonomistas de determinadas regiones del paÃs, acabarÃa por difundirse a todo el Estado
(el famoso “Café para todosâ€) poniendo los cimientos de lo que serÃa la generalización
autonómica. La Carta Magna, a través del ArtÃculo 2 y de su TÃtulo VIII serÃa la
encargada de ratificar jurÃdica y solemnemente esa situación.
El último de esos entes preautonómicos en constituirse en noviembre de 1978
fue el de la región castellano-manchega. En 1976 ningún puente de unión en especial,
fuera de la compartida miseria, parecÃa unir a las provincias de Albacete, Ciudad Real,
8 ArtÃculo 1º de la CE.
5 Cuenca, Guadalajara y Toledo. Dos años después, estas cinco provincias estaban
embarcadas en un proyecto polÃtico común denominado Castilla-La Mancha, – aunque
de manera oficial la designación por entonces serÃa la de región castellano-manchega –
una nueva organización polÃtico-institucional que habrÃa de guiarlas en su andadura por
el democrático e inexplorado Estado de las AutonomÃas. La presente comunicación se
fija como objetivo primordial el analizar cuáles fueron los principales eventos que
marcaron esta etapa de recuperación democrática y de gestación regional justamente en
ese año de 1976 en el que el sistema institucional
1. La reunión de Mota del Cuervo: los procuradores franquistas prefiguran la
región.
No obstante la escasa entidad de la que adolecieron las diferentes iniciativas
autonómicas llevadas a cabo en las que habrÃan de ser futuras provincias castellano-
manchegas a lo largo de esta etapa inicial del proceso democratizador, las primeras
muestras de interés por el tema regional en las cinco provincias asoman ya a los pocos
meses del fallecimiento de Franco, es decir, de forma sincrónica a como acontecerÃa en
otras áreas del Estado. El hecho de que la inquietud por lo regional brotara de forma
paralela en la mayorÃa del territorio estatal es un indicio lo suficientemente revelador de
la importancia que lo autonómico habrÃa de tener en el devenir del proceso de cambio
polÃtico.
En este sentido, resulta indudable que el nivel reivindicativo, de organización y
movilización social en estas provincias fue mucho menor que el alcanzado en otras
zonas del paÃs como Cataluña, PaÃs Vasco, Galicia o AndalucÃa. Es más, si alguien se
atreviera a proclamar con rotundidad que todos esos elementos se hallaron ausentes en
el caso de Castilla-La Mancha no se extraviarÃa mucho de la realidad. Sin embargo, y
6 constituyendo esta circunstancia un hecho difÃcilmente cuestionable, no lo es menos que
en los primeros meses de 1976 – ciertamente en contextos muy delimitados – se
originan los primeros signos de interés por el tema regional en estas provincias.
En esas fechas, por ejemplo, en buena parte de los diarios de la futura
Comunidad Autónoma ven la luz los primeros artÃculos y editoriales que fijan su
atención en el incierto porvenir regional que aguardaba a estas provincias. Pero si en el
plano de lo teórico – de la mano de la siempre minoritaria y poco atendida intelligentsia
regional– el tema no tardó en ocupar un espacio en los medios de opinión pública, en el
apartado de lo práctico las cosas discurrieron de forma más pausada. Posiblemente, la
primera llamada de atención sobre la problemática realizada por un representante de un
organismo oficial la constituyeron unas declaraciones efectuadas por el presidente de la
Diputación de Ciudad Real, Fernando de Juan y DÃaz de Lope-DÃaz en enero de 1976 al
programa de Radio Nacional, España a las ocho en las que se mostraba partidario de
«la unión de las cuatro provincias manchegas para lograr la óptima administraciones
de nuestros recursos al haber quedado estrecho el marco administrativo y económico
de la provincia». 9
En los meses siguientes se sucederÃan los tÃmidos gestos regionalistas en las
provincias consideradas manchegas. En marzo las cuatro provincias manchegas acuden
de manera conjunta a la exposiciónAlimentaria 76 celebrada en Barcelona. El 7 de abril
se reunÃa en la localidad conquense de Mota del Cuervo la ponencia Comarcas
homogéneas del Consejo Económico-Social Sindical de La Mancha, tratándose en esta
reunión por primera vez en sus varios años de existencia el tema regional. El ponente
responsable, Eugenio Molina Muñoz, subrayó la necesidad de «definir, potenciar y
esclarecer la Región y reconocer el hecho regional». 10 El dÃa 24 de ese mismo mes de
9 El Banzo, Cuenca, Nº 8, 1976, p. 12.
10 Ãdem.
7 abril, de nuevo desde Ciudad Real, se insistÃa en la conveniencia de poner las bases de
un proyecto regional manchego. Ese dÃa tenÃa lugar en el Gobierno Civil de esta
provincia una reunión para el estudio de La Mancha como región bajo la presidencia del
Gobernador Civil, Eduardo Ameijide, y a la que acudieron, igualmente, Fernando de
Juan y DÃaz de Lope-DÃaz, presidente de la Diputación Provincial, y Ãngel GarcÃa
Cuesta, delegado provincial de Sindicatos. En el encuentro se insistió en que las
provincias manchegas debÃan sumarse a la dinámica regionalista con el objetivo de
escapar de la marginación y el subdesarrollo que venÃan padeciendo. 11
Tan sólo dos dÃas después, y nuevamente en el municipio de Mota del Cuervo,
tendrÃa lugar el que habrÃa de constituirse en principal hito del regionalismo castellano-
manchego pre-democrático. El dÃa 26 de abril atendiendo a las invitaciones de los cinco
presidentes de las Diputaciones de Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y
Toledo, y con la idea de concretar las propuestas anteriores en fórmulas reales de
actuación, se reunÃan en el mesón Don Quijote de la mencionada localidad conquense
un buen número de los procuradores en Cortes – con independencia del motivo u origen
por que ocupasen escaños en ellas – vinculados a las citadas provincias. 12 La reunión se
habÃa previsto para el dÃa 26 de marzo, pero a última hora hubo de ser aplazada al dÃa
26, pero de abril. Los procuradores en Cortes de las cinco futuras provincias castellano-
manchegas asistÃan a ella dispuestos a debatir con amplitud los planteamientos
regionalistas y de descentralización administrativa que hasta el momento se habÃan
11 Lanza, Ciudad Real 25-4-76, p. 3.
12 Asistieron por la provincia de Cuenca: Constantino Palomino de Lucas, Juan Alonso-Villalobos
Merino, Francisco Moreno Arenas, Ignacio Basanta Moral y Emilio Sánchez Pintado. Por la provincia de
Albacete: Daniel Silvestre Morote. Por la provincia de Ciudad Real: Fernando de Juan y DÃaz de Lope-
DÃaz, Luis Ãlvarez Molina, Francisco Bernalte Bernardo, Luis MartÃnez Gutiérrez, José Poveda Murcia y
AnÃbal Arenas DÃaz-HellÃn. Por la provincia de Guadalajara: Francisco López de Lucas, Antonio Lozano
Viñés. Por la provincia de Toledo: José Finat de Bustos, Antonio Hesse López, José MarÃa Fernández de
la Vega y Sedano, y Rafael del Ãguila Goicoechea.
8 venido produciendo y no sólo a nivel de declaraciones polÃticas, sino de decisiones
concretas de Gobierno. 13
Cinco provincias fueron las asistentes. Hasta ese momento todas las citas y
referencias aludÃan a formulaciones regionales circunscritas a las cuatro provincias que,
geográfica y tradicionalmente, eran consideradas manchegas. La incorporación de
Guadalajara suponÃa una novedad de un considerable alcance, pues implicaba una
prefiguración de la futura Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha. No obstante su
presencia, las declaraciones del presidente de la Diputación alcarreña fueron igualmente
reveladoras respecto al posicionamiento en el que se instalarÃa Guadalajara respecto al
proyecto regional de las cinco provincias. Según Francisco López de Lucas su presencia
en la reunión habÃa sido en calidad de mero “observadorâ€. 14 Desde Guadalajara costaba
apreciar como propia la plena implicación con unas inquietudes y anhelos regionalistas
en las que el mancheguismo parecerÃa ser la nota predominante.
Y si la inclusión de la provincia alcarreña se revestÃa de una evidente
significación, la ausencia final de Madrid no la tenÃa menos. Entre reunión suspendida y
reunión aprobada, se habÃa decidido invitar al presidente de la Diputación madrileña,
MartÃnez Emperador. Este aceptó, pero a última hora hubo de excusar su asistencia
debido a que la segunda reunión coincidÃa en el tiempo con la toma de posesión del
nuevo alcalde de la capital del Estado, y finalmente, el presidente de la Diputación
madrileña decidió no acudir. Pero el tema madrileño y su hipotética inclusión en futuras
reuniones ocuparon buena parte de la reunión de Mota del Cuervo. 15 A preguntas de los
periodistas, los presidentes de las Diputaciones vinieron a coincidir en señalar que la
13 La Verdad, Albacete, 27-4-76, p. 6.
14 El Banzo, Cuenca, Nº 8, 1976, p. 14.
15 Lanza, Ciudad Real, 27-4-76, p. 16.
9 incorporación de Madrid no se excluÃa desde un principio, aunque dependerÃa de lo que
pensaran sus propios procuradores. 16
La escasa presencia de procuradores albacetenses – sólo asistió el presidente de
la Diputación Daniel Silvestre Morote – también llamó la atención en determinados
ámbitos, pues hizo pensar a más de uno que esa exigua representación era fruto del
desinterés de dicha provincia por formar parte del proyecto regional manchego. La
alternativa murciana parecÃa esconderse detrás de esas dudas regionalistas de Albacete,
hasta entonces una de las pioneras en la constitución regional. 17 DÃas después de
celebrarse la reunión el propio Daniel Silvestre y algunos de los procuradores ausentes
intentaban justificar lo sucedido. Según el presidente de la Diputación se habÃa
producido un equÃvoco en la citación que habÃa derivado en una confusión que habÃa
impedido llamar con antelación al resto de sus compañeros. 18 La explicación del resto
de procuradores parecÃa ser algo diferente. Mientras Ricardo Fernández confirmaba la
llegada a destiempo de la notificación como excusa, Gonzalo Botija Cabo declaraba que
él no habÃa sido convocado y que desconocÃa qué organismo habÃa promovido la
reunión. 19
En realidad todas estas disquisiciones acerca de la presencia de unas u otras
provincias en esta reunión de Mota del Cuervo no eran sino ramificaciones de una
misma cuestión: la composición territorial de ese hipotético ente regional sobre el que
entonces se empezaba a discutir. 20 La presencia de Guadalajara sorprendÃa a algunos, la
ausencia momentánea de Madrid no dejaba de ser llamativa para otros. Uno de los
titulares de la crónica periodÃstica que el rotativo conquense El Banzo hizo de la reunión
16 El Banzo, Cuenca, Nº 8, 1976, p. 12.
17 Ãdem, p. 15.
18 La Verdad, Albacete, 28-4-76, p. 3.
19 Ãdem28-4-76, p. 12.
20 La indefinición sobre el tema llevó a algunos, incluso, a plantear la posibilidad de una unión con
Extremadura.La Verdad, Albacete, 28-4-76, p. 3,El Banzo, Cuenca, Nº 8, 1976, p. 14.
10 reflejaba con una expresividad inigualable cuáles eran los condicionantes que respecto a
la adscripción provincial determinaban el entonces incipiente movimiento regionalista.
Condicionantes que estarÃan llamados a marcar el transcurso del proceso autonómico
castellano-manchego aún durante muchos años: «Tres pilares firmes, Ciudad Real,
Cuenca y Toledo. Albacete, deshojando la margarita entre La Mancha y el Sureste.
Guadalajara a la expectativa. Y, al fondo Madrid». 21 Resulta casi imposible sintetizar
de mejor manera las pautas que marcaron el debate respecto a la integridad territorial
castellano-manchega. En una fecha tan temprana como 1976, aún sin democracia,
cuando era mucho el camino aún por recorrer para concluir la concreción institucional
de la que habrÃa de convertirse en Castilla-La mancha; algunos ya tenÃan claro cuáles
iban a ser los parámetros en qué se iba a mover dicha problemática.
Pero como era de esperar no sólo la composición territorial – provincial – de la
balbuceante región fue objeto de discusión y debate. La otra gran cuestión pendiente era
la relativa a la propia denominación de esa nueva región a la que se querÃa dar forma.
En la declaración institucional efectuada por los reunidos en Mota del Cuervo – a la que
en seguida se hará referencia – se detecta, en este sentido, una laguna a todas luces
significativa. Y es que en ningún momento los procuradores firmantes del manifiesto
regionalista llegaron a pronunciar el nombre de esa región que decÃan estar
promoviendo, de tal forma que se llegaba a hablar de “otras regiones†sin llegar a
establecer en primer lugar cuál era la Región que generaba ese concepto de alteridad.
Cuando los procuradores hablaban de la zona que pretendÃan defender hacÃan referencia
a «nuestras provincias» o «entidades locales», sin designar nunca un nombre propio de
región.
21 El Banzo, Cuenca, Nº 8, 1976, p. 13.
11 El motivo de que esto fuera asà es fácil de entender si se atiende al origen
territorial de los congregados en la localidad conquense. La presencia en la reunión de
representantes de Guadalajara serÃa decisiva en este sentido. Si a Mota no hubiese
acudido nadie en representación de la provincia alcarreña, es altamente probable que no
hubiera existido el menor inconveniente en hacer uso del concepto de La Mancha y/o
región manchega. Pero con Guadalajara presente, la cosa cambiaba. Cualquier alusión
del estilo de las referidas habrÃa sido con toda seguridad inaceptable para los alcarreños
allà presentes. La polémica que surgirá en fechas posteriores respecto a la denominación
del ente autonómico en la provincia alcarreña avalarÃa esta afirmación. En1976, intentar
poner un nombre a lo que no era más que un ideal en pañales no habrÃa sido más que
causa de disputa y desacuerdo. Por eso se hace comprensible la utilización de
locuciones neutras como «estas», «nuestras» o las «citadas» provincias.
La gran variedad en los titulares de los medios de comunicación de las distintas
provincias que informaron del evento, supone una buena muestra de la indeterminación
que por entonces se vivÃa en las cinco provincias respecto a la denominación del ente
que habrÃa de concretar ese nuevo y aún difuso proyecto regional. De tal manera,
mientras el diario ciudarrealeño Lanza hablaba de una reunión de «las provincias
manchegas más Guadalajara», 22 y el rotativo conquense El Banzo anunciaba llegada
«la hora de La Mancha»; 23 en Guadalajara el semanario alcarreño Flores y Abejas
titulaba «Guadalajara con Castilla ante el proceso regionalista», 24 y Nueva Alcarria
por su parte optaba por interrogarse sobre « ¿Un estatuto para la región Centro?». 25
Desde algún medio de difusión nacional como el diario Pueblo, que también se hizo eco
de la reunión, la noticia era contemplaba desde otro enfoque: «Los procuradores de
22 Lanza, Ciudad Real, 27-4-76, p. 16.
23 El Banzo, Cuenca, Nº 8, 1976, p. 9.
24 Flores y Abejas, Guadalajara, 27-4-76, p. 1.
25 Nueva Alcarria, Guadalajara, 1-5-76, p. 7.
12 Castilla la Nueva, oposición a los conciertos económicos» 26 titulaba el periódico
madrileño. Como puede verse, versiones para todos los gustos, parciales, muy
subjetivas, que en buena medida más que informar con precisión, ayudaban a propagar
la confusión sobre un proyecto polÃtico que en aquellos momentos adolecÃa aún de
formas más que difusas.
Dejados de lado, pues, posibles motivos de controversia como a buen seguro
habrÃa sido el de la designación regional, los participantes en la reunión hicieron pública
una declaración pública en donde recogieron por escrito las principales conclusiones y
acuerdos a los que habÃan llegado tras la finalización de la misma. La que ha sido
conocida como «Declaración Regional de Mota del Cuervo» se componÃa de cinco
puntos, por medio de los cuales los procuradores en Cortes decÃan querer elevar a la
consideración del Gobierno sus reflexiones sobre la cuestión regional a raÃz de los
últimos acontecimientos ocurridos sobre esta materia en el paÃs. 27
En realidad los dos primeros puntos no eran sino una proclamación de ideales,
de valores ideológicos. Los tres restantes contenÃan lo más sustancioso de la declaración
y en ellos residÃa la verdadera carga regional del manifiesto. El primer punto consistÃa
en una clara «reafirmación de la unidad nacional» que en palabras de los procuradores
no podÃa ser «debilitada por ningún separatismo, ni por fórmulas de Estado de tipo
federal». Los procuradores aprovechaban esta ferviente manifestación patriótica para
rechazar el término nacionalidades, posteriormente recogido en la Constitución. En el
segundo punto, por el contrario, los firmantes alababan la «variedad regional de
España» en virtud de la cual se declaraban partidarios de «favorecer las peculiaridades
regionales».
26 Pueblo, Madrid, 27-4-1976, p. 5.
27 Declaración de Mota del Cuervo: Archivo Excma. Diputación Ciudad Real, Correspondencia, Sg.
3934.La “Declaración†a la que pertenecen la siguiente citas textuales, puede consultarse en su integridad
igualmente en Isidro, SÃNCHEZ SÃNCHEZ, Castilla-La Mancha Contemporánea (1800-1975). Madrid,
Celeste p. 37.
13 El tercer punto bajaba ya al terreno de lo práctico, al constituirse en una defensa
de la descentralización administrativa en favor de las distintas entidades locales con el
objetivo de «acercar las soluciones a los problemas y favorecer la participación
popular en los asuntos que más directamente afectan al pueblo». En consecuencia se
solicitaba al Gobierno una acción polÃtica en esa dirección, que debÃa ser «concebida
con carácter general y no discriminatoria en favor de ninguna provincia o Región».
Los puntos cuarto y quinto, formaban parte de una misma idea.
El punto cuarto era una llamada de atención sobre la difÃcil situación económica
en la que vivÃan esas provincias, acompañada por la petición de una polÃtica de
desarrollo regional más equilibrado. Teniendo en cuenta este hecho, los procuradores
expresaban su alarma ante las «noticias de posibles conciertos económicos,
precisamente con las provincias de mayor desarrollo o ingresos» lo que condenarÃa a
esas provincias a seguir viviendo en el atraso.
El punto quinto y final, servÃa para rechazar con firmeza la puesta en marcha de
los mencionados conciertos económicos «que rompen la solidaridad nacional y
acrecientan los desniveles de renta», y para propugnar, en el caso de que el Gobierno se
decidiera finalmente por acometer esa polÃtica de conciertos económicos, que esas
mismas prácticas se aplicasen con las provincias representadas por ellos, y en unos
términos que permitieran la redistribución de rentas.
Si se analiza con una mÃnima atención el documento hecho público en Mota, se
llega a la rápida conclusión de que éste no es sino la primera gran exposición de lo que
en un futuro habrÃan de convertirse en algunos de los principales elementos
justificadores y definidores del regionalismo castellano-manchego: la conservación a
ultranza de la unidad nacional y la formulación de la idea de la descentralización
administrativa como instrumento ideal de desarrollo. Y por último la existencia de una
14 idea regional en negativo, es decir, la defensa de un regionalismo propio como
contraposición y reacción ante el auge de movimientos de carácter regionalista-
nacionalista mucho más asentados en el panorama estatal, como pudieran representar
los casos catalán y vasco. Toda la reclamación en relación a los conciertos económicos
enlaza directamente con esta idea.
En esta dirección, la reunión de Mota del Cuervo encuentra claros paralelos en
acontecimientos producidos en otros territorios del Estado, caracterizados también por
no poseer una marcada conciencia regional, y en donde los procuradores franquistas se
congregaron, asimismo, con el objetivo de reivindicar los derechos de las provincias a
las que representaban y manifestar sus recelos ante posibles tratos de favor a otras
regiones.
La reunión y/o acuerdo de Tordesillas supone un excelente ejemplo de ello. El
16 de febrero de 1976 se reunÃan en el hotelMolinico de Tordesillas (Valladolid) treinta
procuradores en Cortes representantes de once provincias: las actuales
castellanoleonesas, más Santander y Logroño. Tras seis horas de reunión se presentó a
la prensa un comunicado en el que el tema estrella, al igual que en Mota, fueron los
conciertos económicos. Los procuradores congregados en Tordesillas se mostraron
partidarios de la generalización de dicho sistema propugnando, además, la adopción con
anterioridad al establecimiento de dichas medidas, de las disposiciones legales
necesarias que garantizaran «el libre acceso a los mismos de todas las provincias, la
igualdad en el trato jurÃdico-financiero, y la equidad en relación con las diversas
situaciones de rentara y solidaridad». 28
Hay que recordar en este sentido, que ambas declaraciones se producen en una
coyuntura en la que el tema regional estaba cobrando especial vigor sobre todo en
28 Mariano, GONZÃLEZ CLAVERO, El proceso autonómico de Castilla y León. Valladolid, Fundación
Villalar, Vol. I, p 78.
15 determinados territorios del Estado en los que se reclamaba la devolución de antiguos
privilegios fiscales y la reconstitución de singularidades autonómicas disfrutadas con
anterioridad. Una situación a la que los gobiernos de la MonarquÃa, en su deseo de
minimizar la conflictividad de origen nacionalista, no pudieron permanecer ajenos. De
tal manera, en febrero de 1976 el gobierno aprobaba la creación de una Comisión que
debÃa estudiar un régimen especial para las cuatro provincias catalanas. 29 Tan sólo seis
meses después, concretamente el 30 de octubre, un Real Decreto-Ley devolvÃa la
autonomÃa fiscal y reinstalaba el sistema del concierto en las provincias de Vizcaya y
Guipúzcoa. 30 Los motivos de fondo que ocasionaban los temores de los procuradores de
ambas castillas no eran infundados.
Al final de la declaración de Mota del Cuervo los procuradores decÃan
constituirse en comisión permanente para dar cauces y respuestas a los problemas
planteados en dicho manifiesto. En el mismo sentido, los presidentes de las cinco
diputaciones declaraban su intención de componer un equipo permanente de trabajo,
cuya primera misión serÃa fijar un temario como orden del dÃa de la siguiente reunión. 31
Este próximo encuentro al parecer habÃa quedado fijado para el dÃa 24 de mayo y se
habÃa decidido que fuera de nuevo en Mota del Cuervo, al ser esta localidad un punto
equidistante. 32
2. La Región centro o ¿qué hacer con Madrid?
No obstante, la realidad pronto se encargó de demostrar la escasa solidez de
estos planes de continuar con la labor iniciada en Mota. Ninguna nueva reunión dio
29 Francisco, TOMÃS Y VALIENTE, op. cit., p. 52.
30 Sobre la vuelta de los privilegios económicos en estados dos provincias: Eduardo, ALONSO OLEA,
“El largo camino para la recuperación del concierto económico de Vizcaya y Guipúzcoaâ€, en Javier,
TUSELL, y Ãlvaro, SOTO, Congreso Internacional de la transición y consolidación democrática en
España (1975-1986), Madrid, UNED-UAM, 1996, Vol. I, pp. 377-406.
31 Lanza,Ciudad Real27-4-76, p. 16.
32 La Verdad,Albacete, 28-4-76, p. 3.
16 continuidad a lo establecido en la localidad conquense, teniendo que esperar a la llegada
de la democracia para que algún movimiento regionalista de entidad en las cinco
provincias fuese activado de nuevo. Pero antes de que eso sucediese, aún dentro de la
etapa predemocrática y de la mano del Gobierno central, todavÃa habrÃa de llegar alguna
iniciativa más que pondrÃa de nuevo el tema regional sobre el tapete público de las
futuras provincias castellano-manchegas.
En este sentido, el 24 de agosto de 1976 se publicaba la orden de 31 de julio del
Ministerio de la Presidencia por la que se creaba la Comisión Gestora para el desarrollo
socioeconómico de la Región Centro integrada por las provincias de Madrid, Toledo,
Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Ãvila y Segovia, 33 delimitación coincidente con la
establecida en la reordenación territorial llevada a efecto en noviembre de 1973 (Ver
Mapa 1). En el preámbulo de la mencionada orden se recogÃan los motivos que habÃan
llevado al gobierno a la creación de esta Comisión. 34
Según el decreto, tanto el fenómeno metropolitano de Madrid como la influencia
que el mismo ejercÃa sobre su entorno, establecÃan un ámbito geográfico con las
suficientes afinidades naturales, históricas y socioculturales como para ser merecedor de
un especÃfico programa de desarrollo socioeconómico. También se entendÃa que este
ámbito territorial, si bien no coincidÃa con la tradicional delimitación regional, sà se
aproximaba más al concepto moderno de región como territorio capaz de formular y
protagonizar un crecimiento autosostenido y singular, a la vez que integrado en los
grandes planteamientos territoriales y socioeconómicos nacionales.
33 Lanza,Ciudad Real,9-9-76, p. 16.
34 La efÃmera vigencia y repercusión del frustrado intento que fue la Región Centro provocó que muy
poco haya sido lo que se ha escrito sobre el particular. Por destacar algo podrÃa citarse a Manuel,
VALENZUELARUBIO, “La descongestión industrial de Madrid. ¿Un paso hacia la región Centro?â€, en
Anales del Instituto de Estudios Madrileños, Nº 13, 1976, pp. 183-204.
17
Segovia
Guadalajara
Cuenca Toledo
CiudadReal Ãvila Madrid
LÃmite provincial
Región centro
N
0 200 400 Kilómetros
MAPA 1
CONFIGURACIÓN TERRITORIAL DE LA REGIÓN CENTRO
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos contenidos en la Orden de 31-7-1976.
En esta dirección los redactores de la orden estimaban, que con independencia
de sus funciones como capital de la nación, el Ãrea metropolitana de Madrid no estaba
cumpliendo hasta entonces la misión que como metrópoli regional le correspondÃa, y
que no era otra que prestar al resto de su sistema territorial los servicios propios y
exclusivos de su jerarquÃa urbana y en irradiar al mismo los efectos del desarrollo. Esta
carencia estructural habrÃa provocado una excesiva concentración residencial, industrial
y de servicios en el Ãrea Metropolitana y un creciente despoblamiento regional. 35
A juicio del Subsecretario de la Presidencia y del Director General de Acción
Territorial y Medio ambiente – verdaderos hacedores de esta directriz gubernativa – este
35 Diario de Cuenca, Cuenca,19-3-77, p7.
18 conjunto especÃfico de problemas y posibilidades, junto a la consideración de los
recursos de población, y de los factores fÃsicos y técnico-económicos que concurrÃan en
la región, aconsejaban la creación de un órgano administrativo encargado de estudiar,
programar y coordinar las acciones necesarias a finde conseguir un desarrollo integrado
entre sus comarcas y provincias, coordinado con los planteamientos nacionales. 36
Si se tienen en cuenta estas consideraciones se podrá entender las limitaciones
del proyecto gubernativo en lo que a contenido regional se refiere. Como apuntaba con
claridad un rotativo toledano semanas después de que la orden viese la luz, en esta
orden no se trataba de regionalismo, sino de descongestión de Madrid. 37 Lo que
realmente dejaba traslucir esta formulación de región Centro ideada por el Ejecutivo de
Suárez no era sino una limitada planificación tecnocrático-administrativa cuyo principal
objetivo consistÃa en intentar hacer compatible el desmesurado e incontrolable
crecimiento de la capital del Estado, con el desarrollo de las provincias que la
circundaban. Cualquier atisbo de autonomÃa polÃtica, de verdadera regionalización o
descentralización brillaba por su ausencia.
Dentro de este regionalismo descafeinado que se intentaba promover con esta
región Centro, la arbitrariedad en la composición territorial del proyecto se convirtió
pronto en el principal factor que motivo que tal posibilidad fuese rechaza tanto en las
provincias del norte del sistema central como en las del sur. 38 Por lo que respecta a
Ãvila y Segovia, su inserción en la región Centro suponÃa implicarlas en un proyecto
que gravitaba en torno a Madrid, y que no era contemplado con bueno ojos por todos
aquellos que propugnaban su vinculación al proyecto regional castellanoleonés. 39 En
determinados ámbitos de la futura región castellano-manchega como Ciudad Real, en
36 Ãdem.
37 La Voz de Talavera,Talavera de la Reina, 22-9-76, p. 3.
38 Isidro,SÃNCHEZSÃNCHEZ, Castilla-La Mancha… op. cit., p. 36.
39 Mariano, GONZÃLEZ CLAVERO, El proceso autonómico de Castilla y León, op. cit., Vol. I, p. 90.
19 donde el sentimiento mancheguista estaba más desarrollado, el que se hubiera
prescindido de La Mancha como unidad geográfica al quedar descolgada Albacete, era
un hecho que también llamaba la atención. 40
De hecho desde la propia provincia de Albacete, desmontada en el proyecto
gubernativo pronto se intentó revertir esta situación. En octubre de 1976, el presidente
de la Diputación provincial, Daniel Silvestre, decidÃa presentar una moción sobre la
inclusión de Albacete en la región Centro, al considerar que Albacete por sus
caracterÃsticas, «con evidentes analogÃas respecto de las provincias que ya pertenecÃan
a la Comisión» debÃa integrarse en la misma. 41 Lo llamativo de la moción que Silvestre
presentarÃa al pleno de la Corporación provincial era que trataba de conseguir que se
aprobase la solicitud de ingreso en la región Centro, aunque sin abandonar la región
Sureste (Albacete, Murcia, AlmerÃa, Alicante), a la que hasta entonces pertenecÃa
Albacete. 42 El comportamiento del entonces presidente de la Diputación albacetense es
bastante revelador pues en realidad constituÃa una anticipación de lo que serÃa una
constante entre buena parte de los polÃticos y responsables públicos albacetenses a lo
largo de todo el proceso autonómico castellano-manchego: el desenvolvimiento entre
dos aguas, la opción del Sureste, con el tiempo concretada en Murcia; y la opción
manchega, finalmente materializada en Castilla-La Mancha.
Aparte de las disquisiciones sobre la composición territorial del proyecto de
región Centro, el plan gubernativo fue merecedor de otras crÃticas. A muchos les llamó
la atención la escala representatividad de la Comisión Gestora, más aún, cuando se
estaba a las puertas de la democracia: de sus cerca de cuarenta miembros, sólo catorce,
entre presidentes de la diputación y alcaldes eran elegidos – si se puede utilizar ese
término en un régimen aún no democrático – y tanto el presidente como el gerente eran
40 Lanza,Ciudad Real, 3-9-76, p. 16.
41 La Verdad,Albacete, 29-10-76, p. 5.
42 Ãdem, 3-11-76, p. 3.
20 nombramientos atribuidos a Madrid. 43 En general se puede decir que la creación de ese
simulacro regionalizador que fue la región Centro fue contemplado desde la más
absoluta indiferencia. Como señalarÃa Pedro Peral, colaborador del ciudarrealeño Lanza,
muchos de los habitantes de las provincias afectadas por la orden ministerial estaban
«demasiados acostumbrados a la creación de comisiones, juntas, consejos y demás
zarandajas, en las que nos insertan en plano interprovincial, sin que hasta ahora
hayamos logrado ningún beneficio». 44 La inclusión de Madrid, además, no podÃa dejar
de ser contemplada con recelo ya que no eran pocos los que mantenÃan que «mientras
no se demuestre lo contrario el pez grande se come al chico». 45
Conclusiones
Tanto la reunión de Mota del Cuervo, como lo proyectado por el Gobierno en
relación a la Región Centro habrÃan de tener escasas repercusiones efectivas en lo que al
impulso del regionalismo en las futuras provincias castellano-manchegas se refiere. El
que ambas iniciativas tuviesen lugar aún en época predemocrática es un factor que tuvo
mucho que ver en esto. De tal manera, de unas figuras polÃticas como los procuradores
en Cortes – que no se habÃan ocupado durante décadas en defender los intereses reales
de las provincias que decÃan representar – poco se podÃa esperar a la hora de conseguir
avances sustanciales en un terreno tan espinoso entonces como era el regionalismo; y
más en un territorio como el de esas cinco provincias donde la conciencia regional si
brillaba era justamente por su ausencia. De un proyecto, como la región Centro,
insustancial, vacÃo de contenido, y para más inri, diseñado desde, por y para Madrid,
tampoco cabÃa esperar mucho.
43 Lanza,Ciudad Real,3-9-76, p. 16.
44 Ãdem, 11-9-76, p. 16.
45 Ãdem.
21 No obstante, ambas iniciativas poseen una indudable significación en la medida
en que anticiparon fenómenos y evoluciones posteriores de la cuestión regional
castellano-manchega. De tal manera, elproyecto de región Centro puso sobre la mesa el
que habrÃa de convertirse en uno de los principales problemas a la hora de configurar la
futura autonomÃa, como serÃa el debate en torno a la inclusión de Madrid, pues el
mencionado proyecto no era sino una defensa explÃcita y en toda regla de los criterios
de polarización como criterio fundamental a la hora de estructurar territorialmente las
regiones. Criterios que de haberse aplicado podrÃan haber acabado con la integración de
Madrid en la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha.
Por lo que respecta a la reunión de Mota del Cuervo, su valor, en tanto que
prefiguración de buena parte de los conflictos que enmarcarÃan el devenir de la
autonomÃa castellano-manchega en los años siguientes, es asimismo incuestionable. En
Mota surge ya el tema de Madrid, las dudas de Albacete y Guadalajara, la
contraposición entre lo castellano y lo manchego, se plantean también algunos de los
que serÃan principales argumentos y justificaciones regionalistas… se pusieron sobre la
mesa, en fin, algunos de los temas axiales que habrÃan de caracterizar el desarrollo
polÃtico-institucional en esta incipiente región hasta su definitiva consolidación
institucional en 1983.
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